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¿Sabes cómo se utiliza eficazmente el calor generado en los sistemas de calefacción?

Hay tres partes bien diferenciadas en la transmisión de calor en una caldera. Una primera en la que la transmisión de calor fundamentalmente se realiza por la radiación de la llama al estar a muy alta temperatura, una segunda en la que cobra importancia el mecanismo de conducción/convección y una tercera (exclusiva en calderas de condensación) donde se aprovecha el calor de condensación del vapor de agua de los humos de combustión transmitiéndose igualmente por conducción-convección.

El comportamiento de las calderas frente a las condensaciones origina la siguiente clasificación, de acuerdo al Real Decreto 275/1995 trasposición de la Directiva Europea 92/42/CEE:

Caldera estándar: es aquella que no soporta los efectos de la condensación de los humos, es decir, que si los mismos se condensan la caldera se estropea, por lo que su funcionamiento se debe regular de manera que la temperatura de retorno siempre sea superior al punto de rocío de los humos. Utiliza temperaturas del agua de retorno superiores a 55 ºC.

Caldera de baja temperatura: es aquella que ha sido diseñada de manera que, aunque el agua retorne a temperaturas inferiores a las de condensación de los humos, los mismos no llegan a condensar. Utiliza temperaturas del agua de retorno entre 35 – 40 ºC.

Caldera de condensación: se fabrican con materiales especiales de modo que soporten las condensaciones sin deteriorarse, siendo éste el fenómeno deseado y con diseños que permiten la correcta evacuación de condensados. Utiliza temperaturas del agua de retorno entre 35 – 40 ºC. Se debe tener en cuenta que, cuanto menor sea la temperatura de retorno del agua, mayor es el aprovechamiento de la energía.

Se denomina condensación al proceso físico que consiste en el paso de una sustancia en forma gaseosa a forma líquida.

Este cambio de fase genera una cierta cantidad de energía llamada «calor latente». El paso de gas a líquido depende, entre otros factores, de la presión y de la temperatura.

La condensación, a una temperatura dada, conlleva una liberación de energía. Así, el estado líquido es más favorable desde el punto de vista energético. La técnica de condensación fuerza que los gases de combustión condensen y, de esta forma, se aproveche la energía latente en el vapor de agua para convertirla así en calor sensible. Además se reducen considerablemente las pérdidas por humos a través del sistema de salida de gases procedentes de la combustión.

Durante la combustión, los componentes combustibles del gas natural o gasóleo (carbono e hidrógeno) reaccionan con el oxigeno del aire, formando dióxido de carbono (CO2), vapor de agua (H2O) y calor: CH4 + 2O2 —> 2 H2O + CO2 + calor

El calor latente contenido en los humos, es liberado en la condensación del vapor de agua generado durante la combustión y transferido al agua de la caldera. El proceso de condensación suele tener lugar cuando un gas es enfriado hasta su punto de rocío. Sin embargo, este punto también puede ser alcanzado variando la presión.

 

Bibliografía: Guía Básica Calderas de Condensación, Fundación de la Energía de la Comunidad de Madrid